Retrato de un Obituario

Él está caminando, el bullicio del centro lo distrae un poco, aunque se mantiene alerta, pues la sección de los obituarios siempre tiene lugar para alguien como él.

Es un viernes de Diciembre, y como de costumbre acaba de salir de su habitual reunión en el Gremio de Periodistas de Cali. Mientras camina recuerda cada palabra que había dicho, cada gesto, cada reacción.

Sigue caminando tratando de despejar su mente, pero lo único que se le viene a la cabeza son sus palabras. Éste día en particular lo tiene consternado la idea de ver al payaso, que regularmente entregaba volantes a las fueras del Sindicato de Periodistas, junto con dos personas, que él sabe por experiencia son del DAS, o del F2 o, por descarte, paramilitares.

Acelera su paso queriendo escapar de los juegos macabros a los que lo está sometiendo su mente, se estrella con varias personas y no hay disculpa alguna. No fue su culpa sólo que así es en el centro, las tragedias personales se vuelven un conjunto de caos.
Su mirada la clava al piso, pues así piensa mejor, pero como si la vida misma supiera el día de su fin, Guillermo alza la mirada y ahí está, el payaso que había llenado su cabeza de miedo. Sus miradas se encuentran, se reconocen y los dos asumen sus destinos.

Guillermo lo esquiva. Camina unas cuadras en sentido contrario para tratar de escapar del que cree va a ser su verdugo, cuando ya no lo ve a su espalda se tranquiliza. Pero para su desgracia encuentra la muerte de frente. No corre, no llora, lo mira fijamente a los ojos y acepto su juicio.

***

La noche, madre del ocultismo y las conspiraciones, ya cobija a la ciudad. El caminar de unos tacones rompe el silencio en los pasillos de un parqueadero, es un hombre de saco y corbata. Lleva en su mano una maleta que entreabierta deja ver un cabello crespo de un color que opone resistencia a la oscuridad del lugar.

A la distancia ve a un hombre, apenas se le puede distinguir por el cigarrillo que lleva con desesperación a su boca y que entre bocanada dibuja la silueta de un rostro grotesco. Se encuentran y el saludo es inesperado: dos civiles saludándose como miembros de las fuerzas armadas.

Uno de los hombres deja caer una maleta a sus pies, el otro deja caer el cigarrillo, y lo aplasta con su zapato, y empieza a preguntarle sobre las misiones que se le han encomendado, porque a él El Señor de Bogotá ya le está pidiendo resultados.

El hombre de la maleta, contesta sin ningún desnivel en su voz: “hoy dos” -y continua sin permutarse- “le puede decir a El Señor de Bogotá, que aquí en Cali no le vamos a dar cabida a los comunistas”.

Al parecer, optimista por los resultados el grotesco hombre lo mira y saca del bolsillo de su saco una cajetilla de cigarrillos y un encendedor, le dice que está bien su trabajo pero que debe mostrar más resultados, pues las elecciones serán en Mayo y El Señor de Bogotá debe mostrar buenos avances. La reelección está en juego.

La pequeña y clandestina reunión no dura más. Los hombres se despiden y la penumbra de la noche desaparece sus huellas.

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One Response to Retrato de un Obituario

  1. Janeth Urreste says:

    Macabro…crudo…triste

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